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La vida moderna, el sueño y el embarazo

July 10, 2017

 

 

 

 

En la primera parte de este artículo, vimos cómo el estilo de vida de las sociedades modernas, al desacoplarse con el ritmo natural de luz-oscuridad ha provocado un deterioro de la calidad del ciclo de sueño-vigilia (o ciclo circadiano), y describimos algunas de las alteraciones más frecuentes. En esta segunda parte hablaremos del sueño en el embarazo, y también delinearemos algunas estrategias de manejo del insomnio.

 

El sueño y el embarazo

 

 

Durante el embarazo ocurren diversos cambios metabólicos, fisiológicos, y hormonales, que pueden tener un impacto en la calidad del sueño. La melatonina es una neuro hormona con características pleiotrópicas, es decir: actúa de diversas maneras en distintas áreas del organismo. Sabemos que es la señal con que el cerebro organiza el ciclo circadiano, sin embargo recientemente diversos estudios han sido publicados estudiando otras funciones de la melatonina, por ejemplo en relación a la fertilidad humana, o a un posible rol en el tratamiento del cáncer. Hoy sabemos que los requerimientos de esta hormona suben durante el embarazo, y existen investigaciones en curso que analizan su rol como posible terapia en preeclampsia y enfermedades neurológicas neonatales.

La progesterona es otra de las hormonas importantes durante el embarazo(en el tercer trimestre hay diez veces más progesterona que en el punto más alto del ciclo menstrual). Uno de los efectos de los altos niveles de esta hormona es la somnolencia diurna típica de observar en el primer trimestre de embarazo, ya que posee efectos sedantes, disminuye la sensación de alerta, además de disminuir la latencia y aumentar la duración del sueño No REM. En el segundo trimestre se suele observar una disminución de la duración total del sueño, lo que es más notorio durante el tercer trimestre: en un estudio más del 98% de las embarazadas tenía despertares nocturnos y modificaciones en la composición del sueño.

Frecuentemente estas dificultades se explican por los cambios físicos experimentados durante el embarazo, muchas mujeres relatan dolores en la espalda, o en las piernas; o la necesidad de levantarse varias veces al baño durante la noche. Sin embargo hay ocasiones en que estamos en presencia de patologías, por ejemplo el Reflujo gastroesofágico (RGE), el Síndrome de piernas inquietas (un trastorno del sistema nervioso en que existe una sensación molesta en las piernas, que lleva a la persona a experimentar la urgencia de moverlas), o la Apnea Obstructiva de Sueño. Los Trastornos emocionales como la Depresión o la Ansiedad también se acompañan de alteraciones del sueño, que pueden manifestarse como exceso de sueño (Hipersomnia) o escasez (Insomnio). Recientes estudios sugieren que existiría una asociación entre las alteraciones de sueño durante el embarazo y un mayor riesgo de resultados obstétricos adversos, incluyendo aumento de la presión arterial (preeclampsia), alteraciones en el metabolismo de la glucosa (diabetes gestacional), aumento de la percepción del dolor durante el trabajo de parto, un trabajo de parto prolongado, mayor instrumentalización del parto, y mayor riesgo de cesárea.

 

Estrategias de manejo general

 

Nuestra primera recomendación es consultar al equipo de salud si existe malestar significativo en la calidad o cantidad de horas de sueño, para descartar posibles causas médicas. Segunda recomendación: ¡no automedicarse! Existen fármacos para el manejo del insomnio que no son seguros durante el embarazo. Dicho lo anterior, proponemos varias estrategias de fácil implementación que pueden ser de utilidad:

- Mantener un horario de dormir y despertar estable. - Sólo acostarse cuando se tiene sueño, no quedarse en cama si te has despertado.

- Evitar las pantallas (televisor, celular, tablets) o cualquier estímulo lumínico (bajar la intensidad de la iluminación de la habitación)

- Exponerse a luz intensa (de preferencia solar) en la primera mitad del día, por ejemplo salir a caminar en la mañana, o almorzar al aire libre.

- Preferir la realización de ejercicio en la primera mitad del día, ojalá también al aire libre.

- Mantener una alta ingesta de líquidos, preferentemente durante el día, disminuyendo hacia la tarde para evitar el tener que orinar en la noche.

- Privilegiar una alimentación balanceada, en varias porciones distribuidas a lo largo del día. Comidas abundantes cerca de la hora de acostarse suelen empeorar la acidez o el reflujo.

 

    Dra. Rosario Alomar A.

Psiquiatra Perinatal Centro SerMujer 

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