Reseña Documental “MALAMADRE” (Directora: Amparo Aguilar, 2019)


Quisiera recomendar este bello documental, como terapeuta, pero sobre todo como mujer y como madre, a todas aquellas personas que les interese acercarse a mirar la real y multicolor experiencia de ser madres. Ojalá la vieran no sólo quienes tienen hijos, sino todos los que rodeamos a las mujeres en la etapa de crianza, creo que si las escuchamos, vemos, sentimos con mayor atención, podremos entenderlas mejor y quizá desde ahí cuidarlas más amorosamente, no desde levantarles estatuas o hacerlas héroes matrios, sino desde acompañar y ayudarlas a transitar los desafíos que implica concebir/gestar/parir/criar niños en este mundo actual…

Lo que Amparo Aguilar nos muestra en esta producción argentino-uruguaya es una ventana a aquellos aspectos íntimos, a aquellos diálogos secretos, a esas ideas y sentires que se han hecho tabú en esta sociedad del exitismo y felicidad instantánea que el capitalismo nos quiere vender.

Para los que trabajamos con mujeres madres la sombra no es novedad, a diario escuchamos y contenemos relatos de cotidianeidades dolorosas y oscuras que cohabitan con el amor infinito y muchas veces luminoso a los hijos, y cuánto quisiéramos que estas vivencias pudieran desprivatizarse y que surja una colectividad qus sostenga, valide y acompañe respetando la diversidad y auténticidad de la experiencia particular de cada mujer al convertirse en madre.

“Esto no es una pipa, esto no es una teta, esto no es un bebé”, refiere el relato, aludiendo a la genial obra de Magritte La Traición de las imágenes, porque realmente tanto de lo que se vive en la maternidad excede posibilidad de ser ilustrado o contado, no hay mapa posible para aquel territorio. Estas historias nos hablan del desfase entre el concepto, la vivencia, la expresión y la interpretación de una experiencia tan compleja e inabarcable como es la de maternar.

Al encontrarme con este documental, pensé que podría tratarse de los típicos argumentos del lado oscuro o lado b de la maternidad que siento que a veces por dar el necesario espacio a lo más complejo o sombrío de la experiencia maternal entran en una escalada de sobre justificar/promover un desprecio a la vivencia de ser madres con el riesgo de normalizar o peor aún normar la ausencia absoluta de bienestar que ésta pueda ofrecer y cerrando la posibilidad de buscar opciones de ayuda o espacios para encontrar maneras más placenteras, pero con grata sorpresa me encontré con relatos que muestran todo el espectro, sin caricaturizar ni estigmatizar.

La creadora expone parte de su propio proceso, bella y a ratos poéticamente intervenido con creaciones visuales, rayones, bosquejos, ilustraciones, animaciones que acompañan sin distraer de lo nuclear.

E intercala con testimonios de otras mujeres, de distintos orígenes y edades. Por ratos emociona. Escucharlas y escucharse en ellas, en sus ambivalencias, amores y horrores. Poder ver que nos atrevamos de a poco a hablar de lo feo que ocurre en lo más íntimo de nuestras casas y mentes, dando espacio a validar, reflexionar, sanar…

Los relatos, en primer plano a las caras, sin aspavientos en escenografía, da acceso de cerca a cicatrices, expresiones, arrugas, en un zoom a lo recóndito de cada mujer, haciéndote parte receptiva y vívida de los túneles complejos y solitarios de cada experiencia.

Nos deja reflexiones que a veces de tan obvias muchas no se han planteado: ¿es lo mismo desear tener hijos que desear ser madres?, ¿en qué momento se instala la culpa en cada historia de vínculo materno-filial?, ¿qué vienen a decirnos estas personas que llegan como hijos a conocernos y entran en nuestra vida de manera tan radical e irreversible?, ¿qué nivel de “egoísmo” es el adecuado para permitir un equilibrio entre la maternidad y nuestras otras dimensiones humanas?

Finalmente creo que la autora propone una mirada del feminismo que toma la maternidad como campo de acción político , asumiendo que uno de los yugos más opresores de nuestra época es la silenciación de nuestros procesos y dolores, el mandato a callar, a disimular, a no quejarse, a sonreír en la foto, a ocultar lo que nos pasa al servicio de un sistema al que no le conviene que nos conozcamos, aliemos, comuniquemos y empoderemos.

¿Qué es ser una buena madre?, pregunta Amparo, y es que ¿por qué alguien debiera definir cánones para cumplir con tal título y por qué tendríamos que cumplirlo?, ¿qué es ser una buena madre? Tantas nos preguntamos… pues para mí, precisamente lo que ella muestra en su obra: darle espacio, consciencia e indulgencia a la madre suficientemente mala que todas llevamos dentro….

Dra. Soledad Ramírez

Psiquiatra Perinatal

Equipo Centro SerMujer

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