Testimonio: María de los Angeles

July 10, 2020

 

Mi experiencia maternal.

 

Aurora, fue una niña esperada, planificada y amada durante todo su proceso de gestación. Yo súper sana, acompañada y regaloneada por mi marido, papá, primas, suegros, en mi trabajo hasta mi doctor y equipo médico. Todo era perfecto, solo había que esperar conocer la cara de mi hijita.

Tuve fuga de liquido amniótico, nada grave, mi personalidad relajada aportó a tener una cesárea sin mayores complicaciones, solo me interesaba que mi hija estuviera bien y yo lo más entera posible para atenderla. Todo salió perfecto, Aurora se acopló de inmediato a la lactancia y cuando vi su cara fue una sensación de felicidad infinita, que difícilmente puedo olvidar, fue como sentir mariposas en el estómago, enamoramiento a primera vista.

Al cabo de el mes y medio de la llegada de mi hija, me comencé a sentir extraña, no era nada físico, solo era angustia, miedo, estaba muy estricta con la lactancia, tuve que darle relleno, me sentía mala mamá, dormía, pero no descansaba. A medida que fue pasando el tiempo, lloraba ya que imaginaba cosas horribles que le podían pasar a mi hija, no salía por miedo a que me la robaran, no quería por nada del mundo volver al trabajo y dejarla en una sala cuna, todo me espantaba, hasta el nivel de angustiarme a tal punto que no hacía mi vida normal y ni siquiera disfrutaba de la maternidad. Extrañaba mucho a mi mamá, quién había fallecido hace 8 años, añoraba que estuviera conmigo, pero no estaba.

Mi cuñada que es psicóloga me recomendó tomar terapia, para mí eso era muy extraño, nunca en la vida había ido a un psicólogo ni menos a un psiquiatra. Investigué en internet y llegué al “Centro Ser Mujer”, leí mil veces las biografías de cada una de las profesionales que atienden y me di cuenta que la mayoría eran mamás. Eso me dio un poco de tranquilidad.

Cuando fui a la primera consulta, yo lo único que quería era una licencia para no dejar a mi bebé, fui muy empoderada de mi objetivo, pensando que todo estaba perfecto. La primera consulta con Rosario, ella me pregunta; ¿Por qué me vienes a ver?; Un nudo se me hizo en la garganta y me corrían las lágrimas. Recién ahí me di cuenta de que algo raro pasaba conmigo, que no solo tenía que estar ahí por una “licencia” si no, que me tenía que sanar, la persona que fue a esa consulta no era yo, era un ente angustiado, triste, que no disfrutaba el regalo más hermoso de la vida por miedo a que le pasara algo.

Al cabo de un mes comencé a sentirme mejor, comencé a reír, a cantar, a bailar con mi hija, mi marido estaba impactado con el cambio, un día me dijo: “volviste a ser tú”. Recuerdo que Rosario me derivó con Alejandra quién me ayudó a tratar, sanar y aceptar el duelo de mi mamá, eso no estaba cerrado y afloró con la maternidad. Alejandra se acopló a mi mente racional y me dio datos y tips para poder entender el proceso de mi vieja. Comencé a disfrutar la lactancia, a relajarme con el desorden, a salir con mi hija, sin miedos, descubrí parques, otras mamás, etc.

Volví a trabajar, con muchas ganas, pero con sentimientos encontrados, a mi hija la cuida una prima que es como mi hermana, ¡¡¡qué mejor!!! Ella ha ocupado el puesto que hubiese tenido mi mamá si estuviera acá. Ella me ha dado la fuerza y confianza de poder trabajar tranquila y desarrollarme como profesional. En mi trabajo todos se han portado excelente, todos compresivos, ellos más preocupados de las horas para que esté con Aurora que yo. He sido afortunada.

Ahora ya estoy terminando mi tratamiento y siento que soy la de antes, pero mamá. Estoy haciendo deporte, salgo con mi hija, tomé una nueva posición en mi trabajo, y cada día me empodero más de mi rol de mamá y profesional.

Agradezco a mi marido que siempre me decía “Tú puedes” “Tú eres la única que sabe lo que Aurora necesita” “Todo lo que haces es desde el amor, así que nada está mal”. Sin esas palabras, su paciencia, apoyo y acompañamiento más el apoyo de mi prima (segunda mamá de Aurora) y las conversaciones con Rosario y Alejandra no podría sentirme ni estar como estoy ahora.

La salud mental maternal es crítica en este país; puedes tener todo, pero si no tienes un acompañamiento psicológico en este cambio que es la maternidad, puedes pasarlo mal y eso no es justo para ti como persona ni para tú bebé.

Agradezco haber podido tomar terapia, ahora a futuro quiero otro hijo y sí o sí seguiré con mi terapia, porque no solo me han ayudado con la maternidad en sí, si no también en poder sentirme segura en la crianza que le estoy dando a mi hija.

Si alguien está sintiendo lo mismo que yo sentí, ahora, solo puedo decir:  “Busca ayuda, es normal, no eres una mal agradecida por sentirte así, nadie te entenderá como tú esperas, no te sientas culpable. Hay profesionales que te pueden ayudar. Se puede ser una mamá feliz… como esas de Instagram. Nos debemos y merecemos estar bien y disfrutar a nuestros bebés, aunque tengas todo para ser hiper mega feliz, te puedes sentir angustiada, es normal, pero hay que tratarlo, hay solución, verás que al cabo de unos meses volverás a ser tú, la de antes, pero ahora con una personita maravillosa que te mira con amor absoluto”. “Tú puedes y se puede”.

 

Ma. De los Angeles

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