Cuando nace un niño, nace también una mamá: La construcción de una nueva identidad.



Muchas veces en terapia se conversa acerca de lo distintas que se sienten las mujeres una vez que son madres, y esto claramente puede comprenderse a la luz de todos los cambios que se vivencian en este proceso de la maternidad. Algunos autores lo describen como "el nacimiento fisiológico del niño, y el nacimiento psicológico de la madre". Esto puede entenderse al mirar este proceso como un cambio trascendental en la mujer ya que efectivamente se construye una identidad distinta, en que hay un nuevo rol, nuevas importancias, otras afecciones, preocupaciones, e incluso a veces nuevos hobbies y pasatiempos. Este cambio podría comenzar a verse desde el embarazo, algunas mujeres se sienten madres antes de conocer a su guagua, otras en cambio, caen en realidad cuando nace y están de parto. Cada proceso es distinto y único, pero muchas veces puede traer alguna dificultad en esta adaptación, la cual seria normal si es que no sobrepasa nuestra capacidad que tenemos de afrontamiento. Por esto podríamos decir que convertirse en madres/padres puede suponer una crisis, en donde el dinamismo cotidiano cambia, un nuevo integrante supone una nueva relación y por supuesto otra realidad. Cada acontecimiento vital nos va marcando, y también forman parte de nuestra historia y por ende de nuestra identidad, sin embargo este proceso es aún más especial, ya que se puede evidenciar un cambio biológico a nivel cerebral, en donde se ven irrigadas zonas cerebrales que comúnmente no tienen ese nivel de irrigación, estimulando comportamientos más sensoriales y sensibles, de protección y seguridad, que tienen que ver con una preparación para el rol fundamental que supone ser madre: cuidar, contener y vincularse.

Por otra parte, es importante explicar que este nacimiento psicológico esta arraigado a nuestra propia historia personal, a la experiencia que tenemos de hijas, a la propia historia vincular y de apego, ya que aunque se repitan algunas costumbres o evitemos otras tradiciones, siempre lo que hagamos o dejemos de hacer, tiene que ver con nuestra propia historia. Seguramente vendrán a nuestro pensamiento algunos recuerdos de infancia, sensaciones de cuando éramos niñas, que nos hagan tomar decisiones importantes, como por ejemplo, "esto no me gustaría que le pasara a mis hijos", o quizás, algo que me encantaría imitar.

Ser madre cambia la forma de ser, la forma de vivir, por lo tanto no hay que esperar ser la misma persona que uno era antes. Cada embarazo marca, ser mama de 1 no es lo mismo que ser mama de 2 o de 3. Es parte del amor propio el quererse en las diferentes facetas y épocas de la vida, disfrutar los momentos, y permitirse vivirlos, acercarse a las personas que nos potencian y sacan lo mejor de uno, y de repente alejarse, de aquellas que te imposibilitan vivir tu etapa con goce y disfrute.


Ps. Jacinta Pérez Cotapos

Psicóloga Perinatal

Centro SerMujer

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